Cuidados especiales. Alejandra Palacios

Alejandra Palacios es una enfermera con una jornada laboral completa, un paciente con ambos brazos fracturados y una situación que da un giro para el cual ninguna formación médica parece haberla preparado. Su paciente, Herman, se está recuperando de una cantidad impresionante de fracturas y se enfrenta a varios meses de dependencia total: no puede hacer nada sin ayuda. Ella tendrá que atenderlo incluso en sus necesidades sexuales.

Alejandra Palacios llegó a la habitación de Herman al inicio de su turno con la lista habitual de tareas. El paciente tenía ambos brazos enyesados desde los hombros hasta las muñecas después de un accidente que le había dejado una cantidad impresionante de fracturas. Durante los próximos meses no podría hacer casi nada por sí mismo: ni comer, ni asearse, ni cambiar de postura sin ayuda. Alejandra lo sabía y se había preparado mentalmente para la dependencia total. Lo que no esperaba era la conversación que Herman inició apenas quedaron a solas.

Con la voz un poco avergonzada pero directa, él le explicó que llevaba días sin poder tocarse y que la tensión se estaba volviendo insoportable. Alejandra lo miró en silencio unos segundos. Ningún protocolo de enfermería contemplaba exactamente aquella situación. Evaluó el estado de Herman, la privacidad de la habitación y la evidente necesidad que él no podía resolver solo. Al final asintió con profesionalidad calmada. Cerró la puerta, bajó la persiana y se acercó a la cama.

Se sentó al borde del colchón y retiró la sábana con cuidado. La erección de Herman era evidente. Alejandra se enjabonó las manos con el lubricante que había en la mesita y envolvió su polla con una presión firme y constante. Empezó a masturbarlo con ritmo experto, observando su rostro para ajustar la velocidad. Herman cerró los ojos y soltó un gemido largo de alivio. Ella mantenía el control total del movimiento, cuidando de no rozar los yesos mientras lo llevaba poco a poco hacia el borde.

Cuando él estuvo lo suficientemente cerca, Alejandra se subió a la cama con cuidado, se quitó las bragas bajo el uniforme y se colocó a horcajadas sobre él. Guió la verga hasta su entrada y se impaló despacio, dejando que Herman sintiera cada centímetro sin poder usar los brazos. Empezó a cabalgarlo con movimientos precisos y profundos, apoyándose en el cabecero para no cargarle peso sobre el pecho. Cada embestida era controlada, pensada tanto para su propio placer como para el de él, que solo podía recibir y gemir debajo de ella.

Se corrieron casi al mismo tiempo. Alejandra se sacudió primero, apretándolo con fuerza, y después lo dejó vaciarse dentro de ella con un gemido ahogado. Se bajó con la misma calma con la que había empezado, limpió a Herman con una toalla húmeda, le acomodó la sábana y se reajustó el uniforme. “La próxima vez que lo necesites, avísame al inicio del turno”, dijo antes de salir. Herman, todavía recuperando el aliento, solo pudo asentir. La jornada laboral de Alejandra acababa de incluir un cuidado para el que ninguna formación médica la había preparado… y ambos sabían que se repetiría.

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La enfermera Alejandra Palacios se monta sobre su paciente, quien se siente como en un sueño.
Que placer ver a una hermosura como Alejandra Palacios mamándote la verga.
Seguro que después de esta gran cogida el paciente de Alejandra mejorará a pasos agigantados.

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