
Michelle Dom no conocía la piedad cuando se trataba de follar. Tenía una mascota humana entrenada durante años para obedecer cada una de sus órdenes sin dudar. Esa tarde lo hizo entrar a la habitación de rodillas, con el collar puesto y la mirada baja. Michelle, vestida solo con lencería de cuero, lo observó en silencio unos segundos. Luego señaló el suelo frente a ella. “Lame”. El hombre avanzó de inmediato y empezó a lamerle los tacones, subiendo despacio por las medias hasta llegar a su coño ya húmedo. Michelle gemía bajito, disfrutando del control absoluto que ejercía.
Cuando se cansó de su lengua, lo hizo ponerse de pie y le bajó los pantalones de un tirón. Su polla estaba completamente dura, exactamente como ella había entrenado que estuviera. Michelle lo rodeó con los dedos y lo masturbó con ritmo cruelmente lento, deteniéndose cada vez que él estaba a punto de correrme. “No tienes permiso”, le recordó con voz fría. El hombre temblaba de necesidad, pero no se atrevía a empujar las caderas. Solo esperaba, respirando agitado, completamente entregado a su voluntad.
Michelle lo empujó sobre la cama y se montó encima de él. Se empaló de un solo movimiento y empezó a cabalgarlo con fuerza, usando su cuerpo como un juguete. Le tiraba del pelo, le daba nalgadas y le ordenaba que no se corriera hasta que ella lo dijera. Cada embestida era un recordatorio de quién mandaba. El hombre gemía y se aferraba a las sábanas, obedeciendo con la disciplina que solo años de entrenamiento podían forjar. Michelle se tocaba el clítoris mientras lo usaba, disfrutando de cada segundo de dominio.
Cuando por fin se corrió, apretando la polla de su mascota con fuerza, le dio permiso para venirse. Él lo hizo con un gemido largo y agradecido, llenándola mientras temblaba debajo de ella. Michelle se bajó con calma, le acarició la cara con falsa ternura y le dio una última orden: “Limpia todo”. El hombre asintió y se arrodilló de inmediato. Ella sonrió, satisfecha. Otra clase magistral de control absoluto había terminado exactamente como siempre: con su mascota obediente y ella completamente saciada.
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