
Barbielu era una chica hermosa, de curvas generosas y tetas grandes y redondas que no pasaban desapercibidas. Había conocido a Javier por redes sociales y, después de semanas de mensajes cada vez más directos, ambos decidieron verse en persona. Él le propuso un lugar discreto: un departamento bonito y bien ubicado que su padre tenía en el centro de la ciudad. Barbielu aceptó sin dudar. Esa misma noche apareció frente al edificio con una sonrisa confiada y un vestido que dejaba poco a la imaginación.
Javier la recibió en la puerta. El departamento era amplio, moderno y silenciosamente elegante. Apenas entraron, la tensión acumulada en las pantallas se transformó en contacto real. Se besaron en el recibidor con urgencia, las manos de él explorando de inmediato aquellas tetas que tanto había imaginado. Barbielu soltó una risa baja y lo empujó hacia el sofá. —Menos conversación y más acción— murmuró mientras se quitaba el vestido de un solo movimiento.
Quedó en lencería negra que apenas contenía su pecho. Javier se arrodilló frente a ella, le bajó el sujetador y empezó a lamer y chupar sus pezones ya duros. Barbielu le sujetó la cabeza contra su pecho, disfrutando de la atención. Después lo hizo ponerse de pie, le bajó los pantalones y sacó su polla dura. Se arrodilló a su vez y se la metió en la boca, chupando con ganas mientras lo miraba desde abajo. La saliva resbalaba por el miembro mientras ella tomaba casi toda la longitud.
Cuando estuvo suficientemente mojada, Barbielu se subió al sofá, se colocó a horcajadas y se impaló de un solo descenso. Sus tetas grandes rebotaban con cada movimiento mientras cabalgaba a Javier con ritmo firme y profundo. Él las agarraba con ambas manos, apretándolas y chupándolas por turnos mientras ella gemía y aceleraba. Después se puso a cuatro patas sobre el sofá y lo invitó a tomarla por detrás. Las embestidas fueron más fuertes, el sonido de piel contra piel llenando el departamento del centro.
Se corrieron casi al mismo tiempo. Javier se vino dentro de ella con un gruñido largo y Barbielu lo siguió, apretándolo con fuerza mientras sus pechos seguían balanceándose. Exhaustos, se dejaron caer sobre el sofá. Ella sonrió, todavía sin aliento, y miró alrededor del lindo departamento. —Tu papá tiene buen gusto… y tú también—. Javier rio bajito. Habían pasado de los mensajes en redes a una follada intensa en cuestión de horas, y ninguno de los dos se arrepentía.
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