Reencuentro con final inesperado. Salomé Gil

Salomé Gil protagoniza esta historia que gira en torno a un reencuentro muy esperado con amigos a los que no veía desde hace años. Salome llega luciendo espectacular; ha hecho algunos cambios desde la última vez que estuvieron todos juntos, y la reacción de los presentes deja claro que nadie pasó por alto esos detalles. Recién soltera y en la mejor forma de su vida, llega con el ánimo perfecto para celebrar, y la reunión toma un rumbo que ninguno de ellos olvidará pronto terminando en una cogida deliciosa.

Salomé Gil llegó a la reunión luciendo espectacular. Habían pasado años desde la última vez que vio a aquel grupo de amigos, y los cambios en ella eran imposibles de ignorar: el cuerpo más tonificado, la confianza renovada y una sonrisa que dejaba claro que estaba en su mejor momento. Recién soltera y sin ataduras, entró al departamento con el ánimo perfecto para celebrar. Las miradas de los presentes se detuvieron en ella al instante. Nadie dijo nada al principio, pero la tensión en el ambiente cambió apenas cruzó la puerta.

Los abrazos de saludo duraron un segundo más de lo habitual. Las conversaciones empezaron tímidas, llenas de “cuánto tiempo” y “te ves increíble”, pero la química era evidente. Salomé se movía con soltura, riendo alto, tocando brazos y sosteniendo miradas más de la cuenta. Uno de los amigos le ofreció una bebida y se quedó conversando pegado a ella. Otro no dejaba de mirarle las piernas. Ella lo notaba todo y, lejos de incomodarse, lo disfrutaba. La noche iba tomando un rumbo que ninguno había planeado, pero que todos empezaban a desear.

Cuando la música subió de volumen y las luces se atenuaron, Salomé decidió dejar de dar rodeos. Agarró a uno de ellos por la camisa y lo besó sin aviso. El resto del grupo se quedó en silencio solo un momento antes de entender la invitación. En cuestión de minutos estaban todos encima del sofá grande del salón, manos repartidas, bocas buscando piel. Salomé se dejó llevar entre los cuerpos, gimiendo cada vez que alguien le chupaba un pezón o le metía los dedos entre las piernas. Estaba exactamente donde quería estar.

Se arrodilló y empezó a chupar la polla de uno mientras otro la penetraba por detrás. Los gemidos llenaban la habitación. Cambiaban de posición sin parar: ella montaba a uno mientras mamaba a otro, después se ponía a cuatro patas y los dejaba turnarse para follarla con fuerza. Cada embestida la hacía arquearse y pedir más. Los años de distancia se borraban con cada estocada, con cada lengua, con cada mano que la tocaba. Salomé marcaba el ritmo con la voz, diciéndoles exactamente cómo la quería.

El final fue intenso y desordenado. Uno se corrió en su boca, otro dentro de ella y el tercero sobre sus tetas. Salomé, cubierta de semen y todavía temblando por los orgasmos, se dejó caer entre ellos riendo bajito. Nadie habló durante un rato. Solo se escuchaba la respiración agitada y la música de fondo. Ella miró a sus viejos amigos y sonrió, satisfecha. Aquel reencuentro había terminado mucho mejor de lo que cualquiera hubiera imaginado.

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Dos vergas para ella sola, justo lo que desde hace un tiempo deseaba la hermosa Salomé Gil.
Gatas como Salomé, hermosas y que les guste coger en trio es lo que busca todo hombre.
Salomé Gil no para de gemir y decir que le encanta la forma en que estos dos cabrones la follan.

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