
La presidenta de la universidad, Elizabeth Marquez, recibió un reporte de que un estudiante se estaba masturbando en el baño de hombres. Al revisar las cámaras de seguridad, notó que el chico tenía una polla impresionantemente gruesa y larga, lo que despertó su curiosidad inmediata. Con voz firme, lo citó en su despacho privado esa misma tarde. Cuando el estudiante entró nervioso, Elizabeth cerró la puerta con llave y sonrió con picardía. “Vi las imágenes… y quiero comprobar personalmente si ese miembro es tan grande como parece. Y de paso, probarlo”, le dijo mientras se acercaba y bajaba la cremallera de sus pantalones.
El estudiante, sorprendido pero excitado, dejó que ella liberara su verga ya semierecta. Elizabeth se arrodilló frente a él y la metió en su boca con hambre, chupando profundo y lamiendo las bolas mientras lo miraba a los ojos. Su saliva chorreaba por el miembro grueso mientras lo masturbaba con una mano y se tocaba el coño por debajo de la falda con la otra. El chico gemía, agarrándole el cabello y follándole la garganta, sintiendo cómo la presidenta de la universidad lo devoraba con maestría.
Sin más demora, Elizabeth se subió a su escritorio, levantó la falda y se bajó las bragas, revelando su coño ya empapado. El estudiante la penetró de un solo empujón, sintiendo lo apretado y caliente que estaba. Empezó a follarla con embestidas profundas y potentes, haciendo que sus tetas rebotaran dentro de la blusa. Elizabeth gemía sin control, clavando las uñas en su espalda y pidiendo más duro. La puso a cuatro patas sobre el escritorio y la embistió desde atrás, agarrándola de las caderas mientras el sonido de carne chocando llenaba el despacho.
Ambos alcanzaron el climax al mismo tiempo: el estudiante se corrió dentro de ella con chorros calientes y abundantes, llenando su coño mientras Elizabeth se sacudía en un orgasmo intenso. Exhaustos y sudorosos, se quedaron un momento recuperando el aliento. “El reporte queda archivado… y tú vuelves cuando quieras a mi despacho”, murmuró Elizabeth con una sonrisa satisfecha, limpiándose el semen que le chorreaba por los muslos. El estudiante salió del despacho sabiendo que esa visita a la presidenta había sido la mejor clase práctica de su vida universitaria.
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